Observo con mirada ausente el cielo, los puntos resplandecientes que se perdían de vez en cuando detrás de las nubes nocturnas. El frio apenas le era notorio bajo la sudadera verde oscura, aun así una que otra brisa fría pegaba contra el rostro blanco, brisas que se escapaban de la ventana abierta de la sala. El sonido del par de pies acercándose a su sitio le hizo desviar la mirada del hermoso cielo hipnotizador.
El cambio de peso en el sofá se hizo presente, junto con el calor cálido en su espalda y el peculiar aroma de chabacano con menta llego a su nariz. Apenas una sonrisa indescriptible, ligeramente visible fue creada en sus labios para que lentamente se fuese desvaneciendo, se tomo unos segundos más en silencio y observando, silencio que agradeció que su nuevo compañero le respetara con paciencia. Los minutos pasaron y no fue hasta que un suspiro de alivio salió entre sus labios que su compañía se atrevió a hablar.
-¿Qué ha pasado?
Una mirada suya se desvío al rostro suavemente bronceado por el paso del tiempo bajo el sol de la cuidad, los ojos mieles, sensibles y emotivos, suaves y siempre dispuesto a dar esa sensación cálida que cada ser humano necesita.
-¿Por que piensas que ha pasado algo?- devolvió la pregunta sin apartar la vista hacia las facciones masculinas que detonaban la hermosura del rostro de la persona frente a ella.
-Por que te conozco Cat- fue esa simple respuesta que la doblego.
-Si… me conoces Julián- con esto su vista volvió a desviarse a la ventana mientras atraía sus piernas a su pecho abrazándolas.
-Kisa me dijo sobre la chica que encontraron con Haru & Tama- no era necesario voltear para saber que su mirada estaba sobre de ella
-Si…
-¿Tiene que ver con ella?
Un bufido salió de su boca y decidió que era tiempo de estirar los pies. Levantándose del sofá cerró la ventana dejando solo el rastro del frio de la noche en la habitación, frio que ninguno de los dos residentes les molesto por el momento. Coloco los pies en la alfombra suave y camino descalza hasta la barra sin contestar la pregunta.
-Cat…
-Es…extraña- contesto sin más tomando el vaso con residuos de agua y tomando el sorbo- muy extraña.
-¿Qué te dijo?- en seguida el tono de curiosidad y sospecha se registró en la voz de Julián
Pero ella solo negó con la cabeza antes de dirigirse hacia el teléfono, tomarlo y marcar un número de memoria con rapidez. El tono marco más de tres veces hasta que una voz soñolienta despertada por el teléfono se escucho por el auricular.
-Catherine… ¿sabes que horas son?- la voz masculina de Tama se escucho
-¿Y?- una sonrisa burlona cruzo por su rostro a sabiendas que podría molestar al rubio desde la otra punta de la cuidad y sin necesidad de verle al rostro.
-¿Qué quieres?
-Quiero hablar con Haru- el tono indiferente siguió perdurando en su voz, ignorando por completo la notación molesta del chico del otro lado de la bocina
-¿Haru?...- silencio fue su única respuesta- espera…- un suspiro de frustración seguido de movimientos indescifrables
En la espera sintió la presencia y el calor de Julián de nuevo a su lado, y esta vez inclino su cabeza hacia el pecho del chico relajándose ahí, de inmediato los brazos le arroparon y el olor chabacano le fue mucho más perceptible. Cerró los ojos en un intento de estar en paz en esos brazos que siempre buscaba…
-¿Si?- sonrio hacia sus adentros, al reconocer la voz adormilada del moreno, si Tama se notaba interrumpido en pleno sueño Haru no disminuía en ningún momento que habían estado en la cama.
-¿De donde conoces a la chica?- la pregunta fue directa lo que causo una pequeña sonrisa a Julián
-¿Qué?
-La pelirroja
-¿Pelirroja?...!Oh!...Christine- un bostezo siguió ante el descubrimiento del chico- somos…amigos desde hace años ¿Por qué?
Ante la respuesta se reincorporo de los brazos de Julián con el ceño fruncido. Pensaba que las cosas podrían ser un poco más sencillas cuando recibiera las respuestas, pero no se esperaba la que Haru le había otorgado. Esperaba que la chica fuese una conocida de hace algunos días y no una de años atrás. Eso solo duplicaba y enredaba más su problema. Soltó el aire mientras una segunda idea cruzaba por su cabeza… por ahora la única y firme idea que necesitaba.
-¿Tienes su número?
Podía asegurar que él moreno no se esperaba la pregunta y el silencio que le otorgo le afirmo el caso. Entre preguntas y palabras sin sentido que escucho con calma y paciencia mientras se encontraba parada frente al ojimiel, hasta que el teléfono le fue proporcionado y memorizado rápidamente en su cabeza hablo.
-Gracias, adiós
-Pero…Ca…-no escucho que más tenia que decir el chico cuando colgó el teléfono aun con el número proporcionado en la memoria. Saco el portátil de su pantalón y se dispuso a escribir un mensaje de texto.
-¿Crees que sea uno de ellos?- la voz de Julián le sonó lejana aun así bastante perceptible a su oído
-Lo veremos mañana- susurro mientras el botón de enviado era presionado
“Siento lo de la tarde
Te espero en “Sweet & Cream” a las 2 pm
Feliz cumpleaños
Catherine”
Saco los zapatos con poco tacón dejando libre sus pequeños pies con calcetines libres, los movió de poco a poco sintiendo la tensión que se sentía en ellos. Un gemido de placer al sentir esa liberación después de horas parada, ese descanso que sus pies le agradecieron. Dejo sus cabellos castaños rubios libre de la coleta alta, esparciendo las ondulaciones por toda su espalda. Termino por colocarse los zapatos cómodos y aventar con poco cariño los tacones dentro de la mochila.
-Apúrate, Evan está impaciente esperándote afuera- una voz le hizo casi saltar de la sorpresa
Girándose se encontró con la presencia de su amiga. La cabellera de un tono extraño de grisáceo oscuro, en un corte largo de adelante mientras se iba reduciendo hasta llegar a la nuca. Los ojos verdes grisáceos, grandes y asombrosos. Belleza tras belleza era lo que era ella.
-Gracias Leah- susurro mientras se levantaba cargando la bolsa, justo a tiempo de ver como su amiga colocaba su pierna derecha sobre la banquilla para poder deslizar una de las medias blancas por la torneada pierna.
-Vete ya- sin observarla le indico y ella solo asintió dejando a la bella chica sola en el cuarto.
Se colgó la mochila en un hombro y se dio paso atravez de la salida de la cafetería, la entrada de trabajadores era en un callejón oscuro apenas la poca iluminación de la carretera lograba iluminar lo suficiente para saber donde uno daba la pisada. Lo suficiente para que cuando alzara la vista pudiese observar el perfil del chico en la entrada del callejón.
Sonrio hacia sus adentros al saber de quien se trataba y con confianza plena camino hacía el sujeto. Mientras más se acercaba, se percataba mejor de la posición y su aspecto.
Recargado contra la pared con su hombro derecho, su mirada baja hacia el aparato portátil reproductor de música y brillaba en ese instante e iluminaba el rostro de rasgos demasiados jóvenes y apariencia débil. Los cabellos de un tono oscuro con reflejos azules gracias a la luz que le pegaba. Apenas podía distinguir los ojos verdes, pero ella sabia que esos ojos tenían ese pequeño color grisáceo combinado con el verde que los hacían especiales. Lo mejor… esa mirada siempre era dirigida a ella.
Con cautela se acerco y no dio oportunidad al chico de alzar la vista, aun así ella sabía que él le había dejado, él sabía de su presencia desde el momento en que salió del local y ni siquiera si música electrónica resonando en los audífonos que traía colocados le impedían saber eso.
Despego uno de ellos de su oreja y el grupo Daft Punk le llego a sus propios oídos. Esa mirada verdosa especial se poso sobre de ella, y ese brillo que le fascinaba apareció en ese mismo instante de segundo.
-Siento la tardanza- susurro muy bajo, lo suficiente para que el chico escuchase
-No importa- al mismo volumen de voz fue devuelto su comentario.
Una sonrisa cruzo por el rostro de ambos, la de ella grande y la de él apenas visible, solo para ella. Cerró la distancia entre ambos y considerando la gran estatura del chico se vio colocada en puntitas mientras juntaba ambos labios. Un beso suave y pequeño, sin apenas prolongación y profundidad, gracias que una mueca de dolor salió de entre los labios de ella.
-¿Qué pasa?- las manos de Evan se habían colocado en su cintura y ahora la sujetaban fuerte para evitar la caída que se había casi logrado.
-Nada…- quiso excusarse mientras se mordía el labio inferior en el intento de la mentira
-Esme-la mirada y tono de reproche y severidad le llegó como puñal término soltando un suspiro enfrentándose con la realidad.
-Es el cansancio y…- desvió la vista en un intento de no ver la mirada que el chico le mandaría al continuar- … tuve un accidente con una taza, termine cortándome un poco el brazo- bajo la mirada hacia la camisa de manga larga, y desde el momento en que su turno acabo observo de nuevo ese orificio roto de la prenda de ropa y debajo de ella una venda pequeña.
-Tu no eres así- susurro el chico, aun no se atrevía a mirarle a los ojos, más si podía ver como los dedos delgados de Evan recorrían la venda con suavidad sin intenciones de lastimarla- ¿Qué pasó antes de eso?
Tal vez ese pequeño punto de audacia del chico, esa inteligencia suya de no necesitar demasiados datos para encajar cosas fue lo que en ese momento más odio de su pareja. Inevitablemente torció suavemente la comisura de sus labios en un intento de mostrar disgusto por el interrogatorio, pero nada servía.
-Les contare a todos en casa- cerró por el momento el tema.
Evan solo asintió dejando libre el brazo, movimientos rápidos siguieron después mientras guardaba el reproductor dentro de sus bolsillos de la sudadera. Dándole la espalda se hinco frente de ella a una invitación de montarse en su espalda.
-Evan no…
-Sube…estas cansada- le corto su protesta, sobre el hombro la veía con esa sonrisa tranquila sin preocupaciones ni enigmas, cerró los ojos colocando sus manos sobre su cintura en un momento de reflejar una imagen ruda. Inútil
-Eres necio-susurro mientras enredaba sus brazos en el delgado cuello del castaño y sentía como su cuerpo se elevaba y sus piernas eran aferradas por los delgados brazos del chico.
El solo le regalo una media sonrisa ante el cumplido dado, salieron del callejón hacia la luz pública, era de noche pero la gente aun concurría las calles ent0nces el camino no estuvo solitario a pesar de que ambos iban en silencio. Miradas extrañadas se colocaban sobre de ellos, ver a un chico de apariencia débil cargar sin esfuerzo alguno a la chica, cada persona en su interior esperaba el momento en que el chico cayera con todo y la chica encima de él. Más nunca paso.
Tardaron algunos minutos hasta llegar a su destino, sin que ella mencionara nada empezó a descender de la espalda de Evan, este no le reclamo aunque conociéndolo hubiese preferido que bajara hasta que ambos estuviesen en casa. Una entrada de metal oscuro y algo oxidado tanto por el tiempo como el polvo. La calle donde estaban ubicados era apenas un lugar que se podría considerar seguro. Montones de basura en las esquinas aumentado ese olor tan poco desabrido. De los seis postes de iluminación publica solo uno brillaba con la misma intensidad que el primer día y otro amenazaba con su tintineo de apagarse tarde o temprano un día. Pequeñas casas de apenas un piso de lamina o la mas ostentosa de cemento estaban alrededor. Los jardines secos y sin rastro de flores, las mallas de metal alrededor de cada vivienda y los pórticos descoloridos. Ese era la calle de su hogar.
-Vamos- susurro Evan tomando su mano y jalándole con suavidad a la chica.
La puerta ya se encontraba abierta desde hace algunos segundos, los pocos que Esme había tomado para observar alrededor suyo, ese pequeño arrebato físico que ninguno de ellos podían evitar. Entraron sigilosamente, no fue hasta que estuvieron dentro y la puerta cerrada detrás de ellos que pudieron relajarse por completo.
No era necesario encender la luz, ellos los sabían de memoria, sabían de ese cuarto de entrada que apenas unos muebles escasos adornaban el lugar, una mesa, un sillón, una pequeña televisión que apenas podría sintonizar dos canales lo cual uno de ellos era mudo. La pared amarilla despellejada y descolorida, mantas apiladas en una esquina con un aspecto desolado. Una puerta solitaria en una esquina donde un baño apenas con una taza y botes llenos de agua esperaba. Pero nada de eso era el objetivo de ellos por el momento.
Con pasos seguros, recorrieron la oscuridad hasta colocarse a un lado del sofá, ella permitió que Evan empujara el mueble hacia un lado, el suelo de madera se presento, aun con la luz encendida uno no podría distinguir sin observar detenidamente por unos minutos la pequeña hendidura suelta donde Evan coloco su mano y desprendió seis pedazos de madera, creando el suficiente espacio para que el cuerpo de algunos de ellos pudiese tener espacio para descender. Una escalinata que descendía angosto para una sola persona a la vez les esperaba.
Con un movimiento con la cabeza el chico le indico que bajase primero, no se hizo del rogar, colocándose bien la mochila en ambos hombros se acerco al hoyo hecho y se dejo caer al primer escalón, recuperando su equilibrio rápidamente empezó a descender para no estorbar al chico. Se detuvo a unos escalones y sin voltear hacia atrás escucho claramente el golpe seco que provocaron los pies de Evan seguido de cómo el sofá era deslizado con dificultad hacia su punto original dejando que nada de luz entrara al túnel. Espero unos instantes y no fue hasta que escucho el ultimo crack indicando que el ultimo tramo de madera suelta estaba en su lugar continuo bajando.
Diez escalones más fueron los que bajaron hasta encontrar un marco de entrada con ausencia de puerta. El calor era evidente en lo más bajo de ahí. Pero ninguno de los dos se atrevió a quitarse las sudaderas hasta que hubiesen llegado a su destino. Atravesaron el marco y un pequeño pasillo ligeramente iluminado gracias a la luz del fondo se presento. Con pasos más acelerados atravesaron el angosto camino. Un alivio les corrió por todo su sistema nervioso cuando se vieron dentro de su verdadero hogar. La luz era proveniente de una de esas lámparas de energía reciclable demasiadas blancas.
Al contrario de la habitación que acababan de dejar esa estancia estaba amueblada de forma impecable y lo que una casa normal y corriente tendría, o hasta un poco mas. La batería que les proporcionaba energía se escuchaba al fondo de la estancia de una manera sorda aunque sin ser molesto el ruido. Más perceptible era la suave música de un acordeón y violín que provenían de una de las esquinas de la gran estancia.
Un pequeño estéreo y a lado varios sillones individuales aun así el tamaño era algo que resultaba increíble que hubiesen podido atravesar ilesos el angosto camino que acaban de recorrer.
En uno de ellos se encontraba sentado de espaldas a ellos un chico, el cabello castaño de manera despeinada y sin intenciones de ser arreglado se mostraba, apenas era visible la nuca blanca tanto por el tono como la luz proyectada.
Ambos se acercaron encontrándose con la copia física de Evan frente de ellos, ninguno de los dos les sorprendió. Solo el antes mencionado se tomo la libertad de sonreír de manera moderada mientras observaba a su hermano.
-Bienvenidos- fue el saludo seco del chico hacia ambos mientras sus ojos seguían fijos en la lectura que hace algunos segundos tenía.
-Ewan, hay algo que contar – a pesar de esa sonrisa que se encontraba en la boca de Evan el tono que salió de su garganta se escucho grave, indicando que el asunto podría ser grave. Y eso fue suficiente para que la mirada azul grisácea –lo único contrario a su hermano- se poso sobre ellos- Esme- la mirada de ambos chicos se encontró posada sobre ella.
-Escuche a dos agentes de Lux hablando sobre una original- aunque ambos gemelos mostraron ninguna reacción ella sabia que ese leve estremecimiento en la respiración era proveniente de ellos- al parecer localizaron a una nueva… si es asi…
-Ha de ser una de sangre- a complemento Evan desviando la mirada hacia el suelo- ¿Qué mas escuchaste?
-No mucho, Lux y el agente Edward, ambos están detrás de ella- cruzo los brazos mientras sentía como ese pequeño peso sobre sus hombres le era quitado de poco a poco pero aun así estaba claramente sensible- por lo que escuche llevan un tiempo buscándola pero no la han localizado, eso explica la cantidad de muertes de clones que hemos encontrado esta semana
-Es extraño que sean tan descuidados respecto a eso- susurro Ewan, aunque parecía que se comunicaba mas hacia el mismo que a los tres- hay que tratar de encontrarla… antes que ellos.
-No tenemos ninguna pista, y por lo que veo ellos tampoco- a pesar de que Evan apoyaba a su hermano sabia que habían bastantes puntos sueltos.
-Tenemos que intentarlo- apoyo Esme en una voz baja- Leah aun no sabe nada…
-Nosotros le diremos… ve a descansar- ese tono que Evan uso cuando salió de trabajo de nuevo se presento mientras se dirigía a ella- deberías…
-No… es pequeña, prefiero que sane normal- negó con la cabeza mientras bostezaba- iré a dormir… buenas noches- se despidió de ambos mientras se dirigía con pasos arrastrados a uno de los pasillos que daban hacia esa estancia perdiéndose en la oscuridad de este. Ambos hermanos observaron hasta que el cuerpo y los pasos de la chica fuesen completamente inexistentes.
Un suspiro de parte de Ewan se escucho, desvió su mirada hacia su copia mientras este cerraba el libro y lo aventaba a la mesilla de centro en un movimiento. Ambos se dirigieron a la cocina en silencio.
-¿Qué haremos?- pregunto cortando el silencio Evan mientras se recargaba en la barra de la cocina esperando pacientemente su respuesta mientras su gemelo se dedicaba a servirse agua.
-No lo se- fue su respuesta cortante
-Lastima que ninguno de nosotros tenga la habilidad de rastrear personas
-Aun si la tuviéramos… necesitaríamos por lo menos saber el nombre de ella- ambos volvieron a quedarse en silencio solo siendo interrumpidos por ese zumbido sordo de la batería al fondo de la habitación.
Los flashes de las cámaras resonaban una y otra vez en su oído causando que su pequeña migraña aumentara más a cada segundo. Coloco su mano dentro de los bolsillos de la gabardina café encontrando al instante ese frasco de droga letal para él. No importándole que estuviese frente de tantas personas se dispuso de abrir el frasco pero una mano delicada blanca le detuvo.
-No-la voz femenina de su asistente le llego, no era necesario siquiera voltear para afirmar esa identidad, podía reconocer esa voz fría y severa hasta en un estadio lleno de espectadores entre gritos y protestas.
-Tsk- fue su protesta mientras se deshacía del contacto con brusquedad, depositaba el frasco de nuevo dentro de su gabardina y se acercaba hacia el cuerpo muerto que los fotógrafos acosaban-sácalos- ordeno fríamente a la mujer de mirada metálica de tono azul.
En silencio su orden fue acatada, mientras el se colocaba en cuclillas a lado del cuerpo, estiro la mano derecha y retiro la sabana blanca del rostro de la víctima, las sirenas de la ambulancia que llevarían el cuerpo a la morgue sonaban cerca. Aun así no apuro sus movimientos. Observaba con exactitud cada marca que se notara fuera de lo común en el cuerpo.
-Muerte por desangrado, fue apuñalada en el estomago, tal vez en la noche o tempranas horas de la madrugada- la voz de su asistente volvió a escucharse detrás de él, pero no dio indicio alguno de sentirse sorprendido por el repentino habla de la mujer, al contrario, solo escucho con atención cada una de sus palabras- no llevaba identificación alguna, tendría como 14 años.
-¿Huellas?- su exanimación visual seguía
-Ninguna, fueron precavidos, se llevaron el arma homicida, limpiaron el lugar… o lo que hicieron aquí- aumento al final al observar la calle llena de basura y rastro de polvo alrededor, no especialmente limpio.
Con un movimiento volvió a colocar la sabana sobre el cadáver de la niña, enderezándose sintió de nuevo esa presión en el cráneo, llevo dos dedos a su cien empezando a masajearlos levemente. Nada funcionaba así que desistió a la idea y paso su mano por los cabellos rubios amarillentos de su cuero cabelludo. Chasqueo la lengua mientras miraba alrededor, tal como decía la mujer, la calle estaba pulcramente como debería de estar una abandonada y solo destinada a la basura de los vecinos, era como si el asesinato hubiese sido aparte y solo su intención había sido dejar el cuerpo en ese lugar para que terminara por desangrarse. Pero ni siquiera un rastro de sangre expuesta o limpiada que demostrara que el cuerpo había sido transportado.
Coloco su mirada sobre la bella mujer a su lado, el cabello negro de manera reluciente cortado en esas dos capas extrañas, uno llegaba a su mentón y otro hasta su cintura. La mirada fría de la chica estaba posada en el cuerpo tapado como si desde esa posición pudiese hace runa exanimación exacta del cuerpo y de lo que había ocurrido. Era esa mirada fría y penetrante lo que lograba que varias personas no dudaran ni un segundo en seguir sus ordenes, solo él. Era esa mirada lo que hacia de esa mujer alguien escalofriante y temerosa dejando por completo esa belleza aterradora como ella misma.
-¿Es una…?- la mirada azulada de ambos se encontraron
-Si- corto la pregunta mientras desviaba la mirada con tranquilidad como si el hecho de haber sido descubierto inspeccionado el físico de su compañera no acabara de pasar- el cuarto en la semana. Lux esta saliendo de control.
-¿Cómo sabe que son ellos?- el tono de sorpresa se reflejo en su voz pero su rostro quedo inexpresivo ante cualquier sentimiento.
-Lo se- contesto cortante mientras daba media vuelta para examinar el fondo de la calle. El ruido de la sirena estaba ya demasiado cerca y eso solo lograba que su migraña creciera más y más hasta el punto de sentir que su cabeza estaba por estallar en cualquier instante. Su ceño estaba fruncido y su mandíbula fuertemente tiesa.
Coloco la mano de nuevo dentro de su gabardina sacando ese frasco blanco, el sonido de las pastillas dentro apenas y se escucho gracias a la ambulancia que había llegado al lugar. Abriendo el cilindro saco dos pastillas de ella, sorpresa suya al ver que solo tres quedaban dentro. Maldiciendo interiormente tomo lo restante de pastillas en seco, sintiendo como esos pequeños bultos pasaban por su garganta. El dolor seguía presente pero la intensidad de ella había disminuido desde que su paladar había tanteado la píldora.
Aventó el frasco vacio al aire volviéndolo a coger con su mano, observo con mayor calma a su alrededor, notando ciertos detalles que antes no se había percatado. Sonrio con victoria al notar que sus asesinos no habían sido tan precavidos como ellos quisieron. Sin más empezó a caminar hacia la salida de la escena del crimen.
-¿Dónde va?- la voz de Serenity, su compañera le detuvo, de un momento había olvidado por completo su existencia en ese lugar.
-Por respuestas, la veré en la comisaria- sin más siguió su camino son que nadie lo siguiera.
Camino apresuradamente, no por que iba tarde, al contrario era demasiado temprano para la cita acordada pero los nervios le impidieron mantener una caminata normal y corriente o hasta lenta para disfrutar de la belleza otoñal de Paris. Pero no, ahí estaba con pasos apresurados, las manos dentro de los guantes de lana morados con un poco de sudor, agradeció haber sido algo lista en colocarse zapatos bajos en lugar de tacones, al igual el pantalón de mezclilla ajustado a sus piernas largas. La camiseta holgada enmarcando un poco sus senos al igual del pequeño escote que apenas anunciaba el principio de ellas.
Fue hasta que paso el último semáforo cuando noto que su pasos rápidos se habían convertido en un trote, podía asegurar que su cabello se encontraba alborotado aun así no le importo y solo se detuvo a unos metros de la entrada del café para poder recuperar el paso normal de una persona cuerda. Cerró los ojos para tranquilizarse, sintió su respiración recuperándose y por fin comenzó a caminar con paso normal hacia al entrada de la cafetería.
Extraño que ese fuese el punto de encuentro, era una cafetería bizarra, estaba bastante escondida y muy pocos la conocían, aun así tenía suficiente fama para ser llenado y casi obtener una cita para poder tener una mesa. Se encamino con algo de precaución a la entrada pensando en ese ultimo punto. Sabia que la chica le había citado ahí, aun así ella había llegado antes de tiempo mínimo quince minutos si es que checaba su reloj lo podía asegurar. No sabia si Catherine estaría esperándola dentro o afuera. No sabia si ya había llegado y mucho menos sabia en que parte ambas se verían.
Se mordió el labio inferior pensando en como poder solucionar ese problema. Se detuvo a apenas unos pasos de la entrada donde la mesilla del portero se encontraba esperando por los clientes que iban llegando para ser dirigidos a su mesa. Desde ese punto podía observar que todas y cada una de los puestos se encontraban ocupadas y si es que había uno desocupado podía apostar que estos se encontraban reservados.
-Llegas temprano- un pequeño brinco fue lo que le provoco ese saludo, dio media vuelta encontrándose con esos ojos grises casi transparentes de mirada indiferente y ese cabello negro de tonos brillantes- ¿estas bien?- las bellas facciones finas se vieron levemente afectadas ante la mueca de confusión que entorno su rostro.
-Si-asintió a la vez para afirmar esa respuesta que ella misma sentía que no era totalmente sincera
-Entremos- al parecer la morena simplemente no tomo la importancia si comprobar su estado, algo que llegó a desanimarle pero no tardo en reponerse y seguir a la morena hacia la entrada del local. Extraño fue ver que el portero le saludo mientras le abría la puerta sin mencionar ni una sola palabra.
Igual en silencio la morena camino con seguridad y en cierto misterio hacia la mesa que el mesero las guiaba. Christine solo pudo seguir a ambos de una manera tímida, admitía que se sentía intimidada con la presencia de la morena. Por su belleza, por ese porte aristocrático y con altivez. Aun así no reflejaba por ningún lado la arrogancia o demostraba ser pretensiosa. Al contrario, solo se dejaba guiar como alguien más.
Ambos se sentaron en esa mesa algo apartada de todas las demás pero visible para todo el mundo, había una cierta privacidad que empezaba a darle un sentido de morbo a la situación pero sacudió la cabeza dejándolo a un lado para sentarse frente a esa mujer que le robo el sueño anoche. Desde que había recibido el mensaje no volvió a conciliar el sueño y cuando noto la hora que era, el sol ya estaba en lo más alto y su madre se había ido al trabajo.
-¿Cómo conseguiste mi número?- resalto la duda que tenia desde anoche, de una manera tanto por curiosidad como para cortar ese silencio entre ambas.
-Haru- contesto de una manera cortante, aunque pudo notar un cierto tono de inseguridad, tal vez solo había sido su imaginación.
-¿También eres su amiga?- se atrevió a preguntar más al fondo.
-¿Cuál es el deseo que dices?
Decir que la pregunta le impacto era decir poco, no esperaba que la conversación se tornara tan bruscamente a eso ni tampoco que la morena lo iba a preguntar tan directo y rápido. Se mordió el labio inferior mientras bajaba la mirada hacia sus manos que jugaban entre ellas sobre la mesa. Sentía la mirada de Catherine sobre de ella, perforándola, como si quisiera con una sola mirada obtener todo las dudas que tenía.
-Pues... es algo simple- empezó con nervios aun sin levantar la mirada- eres algo así como un… ídolo para mi- fue en ese momento cuando se atrevió a alzar la vista a observar la expresión de la morena ante su confesión, sorprendiéndose un poco al descubrir que el rostro de Catherine seguía inmaculada como si lo que acababa de decir era lo caluroso que estaba el día- la idea era que me pudieras permitir ser tu amiga, pero… supongo que poder pasar un día contigo me has que suficiente si me lo permites- apretó los labios, no había pensado nunca en la manera en que le pediría ese deseo tan bizarro que tenia sobre la morena. Y ahora que se encontraba diciéndolo simplemente las palabras salían de una manera fluida y sin orden.
-¿Por qué?
Suspiro, sabia que las preguntas llegarían más como al inicio nunca en verdad pensó en las respuestas que le daría a esas preguntas. Alzo la vista enfrentándose a la bella chica que le miraba desde el otro extremo de la mesa, por fin esa interrogante se encontraba en su rostro curiosa por saber el por qué el interés de una chica adolescente sobre de ella. Podía asegurar que eso era lo que estaba pensando.
-Es un sueño algo tonto que he querido desde hace…algunos meses- confeso, aun así se mantuvo valiente sosteniendo la mirada, podía sentir como sus mejillas se encendían ante la atenta mirada de Cat.
Un suspiro se escucho salir de la garganta de la morena sorprendiéndola de nuevo, vio como ella desviaba la mirada con indiferencia y al colocaba sobre la ventana, mirando hacia la nada, sin ningún objeto en especifico. Esa fue su oportunidad de poder observar detenidamente a la chica, observo ese rostro blanco con piel cremosa y sedosa, esas facciones alargadas y finas; la nariz respingada pequeña perfecto para su rostro ovalada. Los ojos grises grandes y con un suave rasgado en las orillas, el cabello negro caía sobre sus hombros gracias a la largura de este, pequeños mechones que rozaban sus ojos era su flequillo, disparejo y sin orden alguno, eso para ella solo aumentaba la belleza de la chica.
-Esta bien- por un momento sintió que su corazón paraba por unos minutos mientras observaba el rosto de la morena.
La casa de dos pisos apenas ligeramente colonial se mantenía segura y hogareña, ese color verdoso con blanco en tonos suaves atraía la mirada, el pequeño jardín delantero y cerca de apenas un metro de color blanco alrededor. Pero en ese momento lo que llamaba la atención no era la casa, ni el sentido hogareño, ni siquiera la relación bizarra de las dos personas que vivían ahí. Lo que llamaba la atención era el auto negro de vidrios polarizados y el extraño adolescente que bajaba del auto con la mochila colgada de manera despreocupada en su hombro.
El auto se retiro en cuanto el chico bajo del vehículo, los audífonos blancos del i-pod estaban puestos, la mirada azul claro inexpresivos se posaron sobre la casa. El cabello negro revoloteo un poco gracias a la brisa otoñal apenas para dejar visible el rostro blanco del chico. Su físico delgado y débil era cubierto por la camisa azul oscuro y deslavado, los pantalones negros de mezclilla algo desgarrados de la bastilla y las rodillas. El aspecto desarreglado del chico no ocultaba el aura de desconfianza e inseguridad se sintiera alrededor.
Los vecinos no podían evitar dejar sus actividades para observar al extraño individuo que se presentaba en esa cada extraña del rumbo. Nunca habían visto invitados y poco sabían de los huéspedes de la mejor casa de la calle. Solo sabían de ese hombre serie y de facciones duras junto con esa jovencita adolescente de cabellos extraños y ojos hipnotizadores, la familia Evans, era así como se habían presentado a los pocos días en que llegaron a la calle. Ahora ese desconocido se postraba enfrente de la entrada desconcertando a todos. Miraron con interés como el chico subía los escalones con un arrastre de pies evidentes y como alzaba ese brazo débil y flaco para tocar con los nudillos la madera pintada de blanco, espero paciente. La puerta fue abierta unos segundos después y como apareció el chico misteriosamente desapareció tras el marco sin dejar ninguna respuesta a las preguntas mentales.
Si uno de los vecinos se asomara con bastante precaución por una de las ventanas podría saber que era lo que ocurría dentro.
Su mirada estaba posada de manera distraída en cualquier punto del pórtico de la casa que había sido dejado, estaba más atento hacia la música en sus oídos que resonaba con poca fuerza, solo lo suficientemente alta para que lo pudiera disfrutar, fue por eso que pudo escuchar con perfección el pequeño chillido de la puerta cuando esta se abrió.
No se sorprendió ante el recibimiento de esa mirada azulada fuera de lo común, cubiertos para fastidio del dueño con algunos mechones castaños largos y lacios. La puerta fue abierta para que pudiese pasar sin decir ni una palabra.
En cuanto entro apago el reproductor, dejando que los audífonos colgaran del cuello de la playera mientras aguardaba el reproductor. Miro alrededor sin expresar nada y coloco las manos dentro de los bolsillos del pantalón, esperando la orden dada por aquel hombre maduro detrás de él
-A la sala- le fue indicado mientras los pasos del hombre le dirigían ahí.
En silencio le siguió, ni siquiera se tomo la molestia de observar por donde iba pasando, solo veía la ancha y trabajada espalda del hombre castaño hasta que se adentro a la sala y este se hizo a un lado dejando a la vista la presencia femenina que se encontraba sobre el sillón.
La chica era de cabello extraño, el tono de un tinte violeta rojizo con pequeños rizos en las puntas, era corto aun así le daba un toque como de esas mujeres de los 60´s. Aunque ella se encontraba de perfil noto el ojo derecho avellana y grande, la nariz pequeña y el rostro ovalado de una manera aun tanto infantil. La piel poco bronceada como el común entre las personas que se encontraban bajo el sol.
-Scarlet- la voz grave del hombre resonó en la estancia superando el volumen algo alto de la televisión.
La chica como su despertara de un trance volteo a ver al castaño parpadeando de manera confusa y después coloco su mirada sobre él nuevo chico en la sala, percatándose por primera vez de la compañía de alguien más dentro de su hogar.
-El es Kale, te cuidara de ahora en adelante- explico sencillamente el hombre desde su esquina y solo limitando a señalar con la cabeza hacia su posición.
-¿Es el de quien me contabas Seyer?-la voz aguda de la chica fluyo por la estancia, fue poco el volumen que uso. El hombre llamado Seyer asintió en silencio sin moverse de su lugar.
La chica de deslizo por el enorme sillón blanco depositando sus pies descalzos en al alfombra mullida. Noto en ese instante la estatura casi promedio de la fémina, los pasos tranquilos hacia él hasta detenerse a una distancia prudente de él, el la superaba por casi una cabeza asi que ella tuvo que inclinar la cabeza un poco hacia atrás para poder encontrarse con sus ojos.
-Scarlet Sichory, la protegida de amargado Seyer- bromeo la chica mientras señalaba al hombre castaño quien solo se limito a hacer una mueca parecida a una sonrisa en al comisura de sus labios ante el insulto de su protegida.
-Kale Letarri… tu guardián- demasiadas palabras salieron de su boca al presentarse
-Otro… que aburrido- la chica de manera infantil hizo un puchero mientras observaba fuera de la ventana, por un momento su indiferencia se convirtió a un poco de interés sobre la chica y su extraña reacción- ya que- los hombros de la chica se encogieron en una señal de rendición mientras regresaba hacia el mueble para sentarse de nuevo y perderse en la pantalla.
Torno su vista a Seyer quien observaba a la chica desde su posición, conocía al hombre desde pequeño, nunca había entablado una conversación larga con el sujeto, pero lo conocía lo suficientemente para saber cual era su trabajo y el saber que no mostraba sentimiento alguno de cariño o culpabilidad para las personas a su alrededor, fue por eso que cuando noto ese brillo de paternidad hacia la chica se noto bastante interesado en lo que ocurriría en su estancia en ese lugar.
Parpadeo por tercera vez consecutiva, aun en su cabeza escuchaba la aceptación de la morena una y otra vez, retumbando como una batería en su cabeza, dando eco en toda capacidad cerebral. Por un momento pensó que había pasado mas de media hora ahí, frente a esa mujer que le intrigaba desde la primera vez que entro al salón de clases y desapareció por dos semanas antes de volver a dejar que el mundo supiera de su existencia.
Por que así era Catherine Burton, el curso había iniciado normal como siempre, sus antiguos compañeros de clase se amontonaban en el salón, nunca había hecho un amigo cercano en su ámbito escolar, siempre habia sido fuera de ello y era por eso que no daba detalles grandes sobre sus vacaciones. Pero eso no evitaba que el sonido de voces resonara con fuerza sobre las cuatro paredes de la estancia, fue por eso que le extraño cuando escucho que el silencio reino, ni siquiera cuando un profesor entraba eso ocurría.
Volteo su vista de la ventana para enterarse de que es lo que había logrado el milagro, fue ahí cuando Catherine ingreso por primera vez al salón de clases, con los ojos cerrados y caminando por el salón como si ese terreno lo hubiese pisado demasiadas veces como para poder recorrerlo con perfección. La mirada de todos estaban sobre la nueva e impresionante alumna quien no decía ni miraba a nadie, lo peor de todo es que su altivez no mostraba signos alguno de nervios o confusión por ser un alumno nuevo.
Lo que sorprendió más fueron los maestros que parecieron no notar la existencia de que un nuevo alumno se había instalado en la clase. Nadie sabía su nombre, no había sido mencionado y parecía que la chica estaba más concentrada en lo que pasaba fuera del aula que lo que pasaba dentro de ella. Al día siguiente se hizo su ausencia, Catherine no apareció ni al día siguiente, ni al siguiente ni a la semana siguiente. Todos empezaron a hacerse a la idea de que tal vez había sido solo una estudiante de paso, o se había equivocado de salón. Dejando el tema a un lado. Pero después de dos semanas de su primera aparición la chica volvió a ingresar al salón de clases con la misma aura de seguridad rodeándole.
Los profesores habían notado esta vez su presencia, cuando uno de sus maestros nombro por primera vez e apellido de Catherine entregándole un examen todos empezaron a suda pensando en que era una prueba sorpresa, pero no; nadie aparte de ella recibió los papeles y nadie aparte de ella hizo una prueba de cada una de sus clases. Y desde ese día siempre fue igual, un día Catherine Burton llegaba al instituto y se sentaba en su pupitre para ser rodeada de exámenes que los profesores le otorgaban, y no era hasta dos semanas después que la chica se presentaba de nuevo para realizar la misma acción.
Y ahora se encontraba frente a ella en esa cafetería, diciéndole su tonto deseo desde hace algún tiempo y siendo sorprendida con un “acepto”.
-¿Qué?- solo se le ocurrió decir
-¿No quieres que acepte?- la morena frunció el ceño, algo extrañada por la reacción de la pelirroja
-No…digo si… lo que pasa es que nunca pensé aceptarías- se mordió el labio inferior sintiéndose de una manera intimidada ante Cat
-No todos los días alguien te acosa así-dijo la morena.
Se vio a si misma abriendo ligeramente la boca al escucharla, sintió sus mejillas tornarse de un ligero rojo pensando que la chica en verdad se sentía así por su petición, pensaba disculparse cuando el camarero con el carro de café llego ante ellas, ambas pidieron lo que querían los cuales fueron servidos en el instante. Ella un simple moka y Cat un mucho más simple expreso.
-Nunca fue mi intención que te sintieras acosada- dijo en voz baja mientras observaba la humeante taza frente a ella.
-No importa- observo que la chica de nuevo dirigía su mirada la ventana, era como si simplemente la presencia de la chica en el mundo humano no pudiese ser mucho tiempo. Aunque en cierta forma al igual sentía como si Catherine no supiese bien sobre actuar con otras personas. Ser demasiado directa no era normal- ¿Qué hay que hacer?- de nuevo otra pregunta desorbitante
-Solo… quiero saber que haces en el día- era verdad, la idea de pasar un día completo con Catherine era eso, saber que era lo que la chica hacia aparte de dejarse libre un día cada dos semanas para asistir a clases, aunque la idea de saber el por que era eso también le llamaba la atención pero no podía alargar tanto su suerte.
-Es aburrido- fue la contestación rápida de Catherine, como si la idea de que alguien interrumpiera su rutina diaria no le apeteciera.
-No creo que me importe… solo quiero…conocerte- bajo la vista sintiéndose por primera vez desde que ambas se reunieron avergonzada
-Es un día sencillo, cualquiera
-Esta bien así, no quiero una cita, quiero un día normal contigo- no podía alzar aun la vista de la mesa, desde esa posición podía observar las manos blancas de la chica sobre la taza blanca, otra de sus manos estaba sobre la mesa cercana recargada en su antebrazo. Un pequeño anillo grabado con algo que no identifico se encontraba en uno de sus dedos, plateado y brillaba de manera lucida, como si fuese recién hecho.
No sintió nada, solo se percato y su mano se dirigía hacia la joyería con lentitud y no fue hasta que sintió ese pequeño escalofrío recorrer toda su espina dorsal a la vez que su dedo índice acariciaba de manera inesperada el dedo de la morena que noto lo que estaba haciendo. Pero aun así no aporto la mano, Catherine tampoco. Cuando sintió un pequeño dolor en su labio inferior noto que ese había estado aprisionando debajo de sus dientes con fuerza.
Pero lo que mas le sorprendió fue lo que paso a continuación. Su dedo estaba sobre el anillo cuando la morena de un movimiento rápido tomo su mano alzándola hasta la altura del rostro de ambas, el movimiento había sido demasiado rápido y cuando noto su respiración se había vuelto algo acelerado. Miraba algo sorprendida a Cat por los movimientos profesionales que había hecho. Ella le estaba observando con esa mirada que no demostraba nada, la misma mirada que colocaba cuando veía hacia la nada en la ventana de la escuela.
-Vamos- fue interrumpida, mientras el toque de ambos manos se deshizo y la morena se levantaba, dejándole ese cosquilleo en su mano donde su piel había sido tocada por la de Catherine.
Su respiración era demasiado agitada aun así seguía corriendo, sentía las piernas pesadas, tomándole demasiado esfuerzo poder alzar una y después la otra para seguir con su carrera, aun así siguió corriendo. Sentía que su corazón palpitaba con fuerza dentro de su pecho y golpeaba su coraza torácica con fuerza, pero aun así siguió corriendo. El sudor de su cuerpo había logrado que la camisa blanca del uniforme se hubiese pegado a su pecho también gracias al aire que venia de la dirección contraria, aun así siguió corriendo.
-¡Vuelve aquí!-los gritos amenazantes junto con los tres pares de pies que le mantenían el paso se escucharon detrás de él.
Quería acelerar más, lograr perderlos, pero habían sido ya demasiados minutos corriendo, tratando de escapar que sabía que si lograba hacerlo era por puro milagro y el era demasiado inocente como para no creer que podría lograrlo, por eso siguió su carrera, volteando hacia atrás, sintió como sus cabellos rojizos lograban bloquearle un poco la vista, pero no fue suficiente, noto los tres hombres infundados en negro que corría n detrás de él, tratando de apartar a las personas que les colocaban enfrente sin terminar lastimándolos.
Volvió su vista al frente sonriendo un poco hacia si mismo agradeciendo su pequeña estructura muscular que impedía que tropezara cada dos por tres con las personas y a la vez le permitía escabullirse con más facilidad entre ellas. De nuevo se vio volteando hacia atrás esperando que por lo menos un centímetro más les había ganado, pero no, ellos seguían a la misma distancia de él y para su mayor miedo sentía que se acercaban más y más.
No noto que sus piernas lo guiaban hacia un callejón sin salida al no haber dado vuelta en la esquina anterior, y tampoco se dio cuenta de la presencia de esos dos hombres dándole la espalda dentro del callejón, solo hasta que sintió chocar con demasiada fuerza contra la espalda de alguien y terminar cayendo encima de la misma, todo gracias a la velocidad en que iba.
Aunque había caído sobre el cuerpo de alguien el dolor ante la caída fue inminente, sus rodillas habían sido levemente raspadas y podía sentir el ardor en ellas, después ese pequeño liquido que sabía que era sangre correr con lentitud por su pierna. Observo la victima entre su camino, este le miraba desde su posición de forma amenazante y hasta con odio, esos ojos chocolate furiosos estaban sobre su rostro. Noto que su cabello rubio era largo y lacio ay que alcazaba a expandirse por la acera, y noto también el lunar en su ojo derecho, las facciones afiladas y la piel blanca. Se mordió el labio inferior al notar que el chico era en cierta forma atrayente.
-Lo…lo siento- tartamudeo con las mejillas encendidas casi igual que su cabello
-Quítate- le ordeno el hombre con voz fría
-Si..si- sin más se levanto rápido de encima del rubio pensando que si se encontraba un segundo más sobre de él este no dudaría en matarlo. Se sentía amenazado
-¡Oye tú!- fue en ese momento que su cuerpo reacciono, había olvidado la razón del por que había salido corriendo, y por lo mismo chocado con ese hombre.
Dio media vuelta encontrándose con esos tres sujetos en la entrada del callejón, a solo dos metros de ellos, oh si… estaba en problemas, graves problemas.


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